Es tiempo de sacar aquel suéter de tejido grueso para protegernos del aire frío y disfrutar del tímido sol de noviembre mientras nos tomamos un té sabor buena ondita…
“Baby”
Devendra Banhart
What Will We Be
Warner Bros. Records, 2009
Un hippie perdido en pleno 2009: Devendra Banhart presenta su nuevo sencillo “Baby”, una canción de amor a su simpática compañera -que asumimos también usa pesados suéteres de lana- y quien viaja con él, como diría la letra, en un tren chu chu.
El corte pertenece a What Will We Be, el séptimo álbum de estudio de este músico excéntrico y libre asociador de ideas. “Baby” es una rebanada ideal para describir el sonido del álbum que para no romper la costumbre, consta de tiernas y virtuosas guitarras y aleatorias letras de temblorosa voz.
Su trabajo está incluido dentro del género New Weird America –nueva América Rara- (jajajaja), el cual encasilla al folk psicodélico de nuestra década. Denvendra es raro y es gringo, aunque también es mitad venezolano, pero sabe que el combo guitarra y voz es atemporal, pues siempre nos calentará el corazón.
Tan seguros están de su música y su masculinidad que no les importa que su banda se llame Niñas. Ahora los corazones sucumben ante la nostalgia y se vuelven hipersensibles debido a un dúo proveniente de San Francisco cuyos miembros, a pesar de lo esperado, pertenecen al sexo masculino: Chet JR White, cuya labor principal es la producción, así como tocar el bajo, y Christopher Owens, quien compone y ha escrito todas las canciones de este álbum debut titulado por este par de hippies como… Album. Sí, el álbum se llama Album, sólo por el gusto de señalar lo evidente.
Es justo esa simpleza y honestidad la que distingue a Girls: el sonido lo-fi se ha hecho antes, engalanar y traducir el rock clásico a nuestros tiempos también. Album resume la atropellada y rica existencia de Owens, sin necesidad de exhibir nada de su vida. Este larga duración logra desembocar en doce canciones que retratan vívidamente el verano, pero sobre todo resuenan como el sol californiano y se perpetúan en la ropa y en el pelo como lo hace la arena de mar.
El vocalista de Girls, Christopher Owens, es un insaciable joven de melena dorada que irradia carisma y se viste en colores pastel. Tiene el aire de un niño mal llevado: carita de ángel y mente perversa, graciosa y rebelde. Justo como se pudo haber retratado a Kurt Cobain. A la vez, Owens tiene una energía y un rostro tan familiar que puede recordarnos aquel sorprendido Macaulay Culkin con la boca abierta y las manos en la cara: síntesis de cómo se siente estar chavito. Esto es importante porque parte de la experiencia Girls es enterarse de la historia de Owens.
Christopher nació en Miami, sin embargo creció en distintos países porque su madre pertenecía a un culto conocido como Children Of God. El propósito de la secta era criar una nueva generación alejada del resto del mundo, el cual acusan de ser tan malo como de estar confundido. Lo único que Christopher escuchó al crecer fue la lista de canciones favoritas del fundador: cassettes de rock clásico, pero sobre todo mucho Doo-Wop. No fue hasta la adolescencia cuando Guns ‘N’ Roses, Michael Jackson y Bon Jovi empezaron a colarse en la comunidad por medio de los niños más grandes. Con estos artistas Owens aprendió a tocar la guitarra. Sólo tuvo que escaparse de la comunidad, sobrevivir un periodo errante por Estados Unidos y tocar en diversas bandas punk, para formar Girls con JR White, dúo que de ser juzgados por Children of God, arderían no bajo el estertor de San Francisco, sino en las llamas del infierno. Este cristianito que se dio a la fuga no sólo ha conquistado a los snob de Pitchfork Media, quienes calificaron Album con 9.1, sino que ha creado un álbum que sobrevive a la anécdota, aunque sin duda sus canciones funcionen mejor con ella.
Album son los Everly Brothers sumados a los Beach Boys, pero redondeados con la sagacidad de Christopher Owens. El disco es una docena de gemitas cuya sinceridad irreverente y austera harían a cualquier señorita confesar: “me gusta porque me pone nerviosa”. Christopher es el astuto novio que sin ordenar bien sus ideas, logra sonar convincente, sobre todo ahora que no tiene límites religiosos para expresarse y por lo cual suelta lo que piensa sin elaborarlo de más. Girls monta todo este teatrito en una musicalización siempre simple y familiar.
Uno empieza a enamorarse de Girls desde la primera pista, “Lust For Life”: no importa qué tan dañados o perturbados hayamos empezado a vivir, siempre hay un anhelo por la vida aunque ésta se reduzca a una pizza caliente y una botella de vino. Después, parece que se están disculpando mediante argumentos más que justos con “Laura”, el segundo track, donde una guitarra reverberante alcanza una melancolía profunda.
“Ghost Mouth” es el soundtrack para escapar de los trances de ocio, retratados por una batería de ritmo pausado; así como “God Damned” es el corte en donde la baja fidelidad se hace presente, pues parece que la grabaron en la contestadora de un teléfono. El ingenuo rock cincuentero empieza a oler a marihuana con “Big Bad Mean Motherfucker”, donde todo está manchado de estática y un poquito de perversión. “Hellhole Ratface” es una súplica de quien no quiere sufrir; el video de este sencillo desglosa de manera articulada lo que es pasársela bien: compartir botellas de vino, abrazar peluches y besuquearse entre todos.
Album se convierte en una “noche tiki” con “Headache” para luego amanecer de nuevo con “Summertime” himno digno del verano, el cual es más hermoso cuando se comparte. El corte incluye una faceta ambiental donde se traduce el caer de las olas con una guitarra, lo cual a estas alturas del otoño sabe agridulce. “Lauren Marie” no necesita aplicar la táctica bostezo-abrazo para seducirte. La pared de sonido en “Morning Light” es una luz cegadora que deja traslucida la voz de Owens, este es el corte más estruendoso del álbum. Todo lo descompuesto se compone con “Curls”, que probablemente alude a la banda que Owens tenía con su exnovia, de la cual parte la formación de Girls. Esta pista es transición instrumental para la caída del telón.
Por qué no terminar con lo que mejor se les da: una declaración de amor, la cual es elegante sólo porque estos chicos son muy directos. En “Darling”, parece que este par se aleja con sus outfits playeros montados en motocicletas que se perfilan hacia el sol, dejando una estela de estruendo y un atardecer de buena vibra.
Parecía improbable que cuatro jovenzuelos que zarparon de Liverpool se convertirían en los Mesías del siglo, en pioneros míticos de la industria musical: John y George en la guitarra, Paul en el bajo y Ringo en la batería. Es la banda que ha trascendido en todos los soportes, desde los viniles de 45 revoluciones hasta las aerodinámicas consolas de videojuegos, en las que con sólo insertar la edición más reciente de Rock Band, cualquier mortal puede convertirse en el quinto miembro de dicha alineación.
El Rock Band de los Beatles cubre su trayectoria con dulce melancolía: desde la Caverna hasta los estallidos psicodélicos y una última audición sobre el techo de Apple Corps. En el videojuego podemos entonar el coro imposible de “I Want To Hold Your Hand”, sentir y ser parte de la calidez de “Here Comes The Sun”, o llegar al momento catártico al final de “Helter Skelter”, donde Ringo anuncia a gritos que tiene ampollas en las manos.
Con el lanzamiento de este videojuego la enigmática que rodea al cuarteto de Liverpool surge de nuevo. Los Beatles son la banda experta en la manufactura de soundtracks atemporales, que por una magia inexplicable conquistan a cada nueva generación. La fiebre se entiende de los fanáticos y expertos, pero ¿qué es lo que hace a un niño que ha volado cabezas en Gears Of War o a una adolescente que escucha a los Jonas Brothers, querer interpretar “Octopus’s Garden” con una copia de la guitarra de John Lennon? Copia que en vez de cuerdas lleva botones verde, rojo, amarillo, azul y naranja…
La Beatlemanía es la añoranza por una banda que se separó en 1970, y que al hacerlo rompió el corazón del mundo. La falla cardiaca ha sido heredada de generación en generación. Escuchar sus discos, adquirir las versiones remasterizadas, leer su biografía y acompañar a The Beatles en sus viajes lisérgicos no aliviará nada. Pero al menos encontraremos el único lugar donde todos sentimos lo mismo… Donde Paul, John, Ringo y George navegan juntos en un colosal rinoceronte que se precipita al hermoso vacío.
Dystopia, un vistazo a un tiempo y un espacio donde los androides serán capaces de describir la melancolía de vivir mejor que los humanos: también el álbum debut de The Midnight Juggernauts, banda de electro-indie con sutilezas orgánicas en lenguaje futurista.
“The New Technolgy” es su nuevo track y este su video.
Cada vez que reseño algo hago notas o dibujos sobre eso. Generalmente son difíciles de entender, están en spanglish y no puedes retomar el tren de pensamiento. (O hay pocheces como ésa)
De todas formas se me hace padre la lluvia de ideas que puede inspirar la música junto con los datos duros e información. Blah, blah, blah… Éstas son las notas de la reseña que se publicó en este blog y como Extracto de la Semana en Ibero 90.9 sólo que esta es la pre-reseña, es cómo todo se veía o se entendía en mi cabeza… Si tan sólo tuviera tiempo de dibujar más sobre cada banda.
Noroeste del continente americano: las montañas son habitadas por el temible oso grizzli que se desplaza por el territorio, destrozando a zarpazos cualquier amenaza. En la costa opuesta, aquel gran mamífero es tan sólo una figurilla de cerámica colocada en el librero de la abuela sobre una carpetita bordada.
Veckatimest el nuevo álbum de Grizzly Bear, es la visita a un ático donde fotos en sepia, polvorientas colchas tejidas y viejas cajas de música recobran su vitalidad para revelar estructurados secretos. La nueva producción de esta banda de Brooklyn fue compuesta con lupa y alfileres; su relojería sonora estimula y eleva la imaginación a un lugar donde las voces no tienen cuerpo. El choque armonioso de bases corales, guitarras, teclados y elementos electrónicos dieron como resultado una hipnotizante cámara musical que cautiva al escucha y lo abandona en un letargo multicolor.
La aparición de Grizzly Bear fue prácticamente el esfuerzo solista del integrante Ed Droste, quien le dio forma al proyecto en un primer álbum titulado Horn Of Plenty; editado bajo su propio sello Kanine Records en 2004. A diecisiete años de su fundación, el selectivo sello especializado en música electrónica Warp Records, decidió firmar a este cuarteto que a pesar de emplear algunos sintetizadores, se distingue por su folk bordado de experimentos. Yellow House no sólo fue el primer disco lanzado por Warp, sino el primer trabajo como banda de Grizzly Bear.
Esta producción del 2006, aparte del compositor, guitarra, teclados y vocal Ed Droste, contó de manera oficial con los otros tres miembros de la banda. La mitad de Department of Eagles, Daniel Rossen siguió a Droste en las vocales, la guitarra y teclados, además de contribuir en la composición de canciones. La agrupación también incluyó las voces de Christopher Bear a cargo de la batería, y Chris Taylor: maestro del bajo, elementos electrónicos e instrumentos de viento. Desde entonces la alineación no ha encontrado razones para alterarse.
El EP de diez tracks Friend, es una compilación de versiones alternas, colaboraciones con Dirty Projectors y Beirut, así como covers a Grizzly Bear hecho por artistas como Cansei de Ser Sexy, Band of Horses y Atlas Sound. Dicho EP siguió al álbum Yellow House, sin embargo no es el antecesor del Veckatimest que como álbum de estudio difiere en algunos aspectos al disco de la casa amarilla.
Yellow House fue grabado en el hogar de la mamá de Droste, la producción obtuvo su nombre en honor a ese lugar. El sonido es similar a lo más nuevo de Grizzly Bear, evocador de un mundo de porcelana y cuerdas donde las partículas de polvo se suspenden en la pálida luz de una solitaria ventana. Sin embargo aquel disco es más difuso y difícil de digerir. Veckatimest no sólo logra perfeccionar su ensamblaje y producción, sino que se convierte en una reaparición más accesible de la banda que no corre el riesgo de terminar arrumbada en el cajón del pop.
Esta vez el reto no era componer como banda, eso lo superaron de manera sublime con Yellow House. Para este tercer álbum de estudio, los cuatro integrantes sofisticaron sus intensiones y decidieron volcar sus exigencias a la producción y mezcla. El sonido trasportado de Veckatimest es la consecuencia de haber trabajado en él en tres distintos lugares. No es sorpresa que los coros de todo el disco parezcan carecer de forma humana, o que las guitarras, como los instrumentos más mundanos, recuperen su aura mística.
Las bases de la producción se realizaron en las afuera de Nueva York en un lugar conocido como Glen Tonche House, donde David Bowie grabó Heathen en el 2002. Ed Droste propuso como siguiente parada del Veckatimest, el hogar de su abuelita en Cape Code y por ello el sonido nos recuerda el piano labrado adornado con estatuillas suizas en la casa de unos viejecillos. En ese lugar siguieron afinando y puliendo detalles bajo la supervisión del bajista de la banda Chris Taylor. El álbum se tituló en honor a una islita de la zona cuyo nombre nativo fascino a la banda.
Una iglesia en Nueva York dio sitio a los últimos apretones de tuercas y entonaciones de Grizzly Bear, para que entonces Taylor cediera las mezclas iniciales a Gareth Jones (responsable del sonido de Interpol y Liars), quien se ocupó de la mezcla final.
Las obsesiones y exquisiteces sonoras del cuarteto de Brooklyn no fueron innecesarias, la poesía de las letras coincide con la clara instrumentación. Veckatimest puede distinguirse de ahora en adelante por ser un álbum cuya intención y forma de expresión no sólo son compatibles, sino que trabajan juntos.
El despegue comienza con una voz que nos llama entre los árboles, el track es “Southern Point”. Lo sigue la ya popular “Two Weeks”, cuyo video oficial del sencillo logra evocar el transcurso y calentamiento de la canción hasta que la mente no puede hacer más que estallar en rayos de luz. “All we ask” se reconoce por la voz de Rossen que parece susurrar a nuestra espalda, “Fine for Now” por su transición de la calma a la tempestad y viceversa. El nuevo single “Cheerleader” es una nueva toma del cliché adolescente, desde un ángulo bizarro que amenaza con la frase escalofriante –I’m shooting them myself, I should’ve made it matter.
Acto seguido, Grizzly Bear nos sumerge en aguas celestes con el track “Dory”, el cual es posible que haga referencia a la película de Pixar Buscando a Nemo. “Ready Able” es una de las pistas arregladas por Nico Muhly (Bjork, Philip Glass). “About face” se distingue por su guitarra solar, así como “Hold Still” por tener riffs con imágenes más corpóreas que la armonía de vocales.
La actitud se levanta en “While You Wait For The Others”, una de las canciones más sólidas y reconocibles del Veckatimest, en la que las manitas tejedoras de Grizzly Bear parecen haber utilizado estambres indiepop de alta manufactura. “I live with you” es la sintonización a una petición de regreso y concentra su fuerza en el medley esquizofrénico que la termina.
A lo largo del Veckatimest cada instrumento y elemento electrónico es libre y autónomo; parecen estar haciendo lo que quieren sin desarmonizar con el todo. Existe el sentimiento de intranquilidad de que algo siempre está ocurriendo en el fondo de esta cámara musical. Este álbum aunque estimulante, no pudo haber tenido mejor cierre que “Foreground”, el track más sencillo y desnudo del álbum, cuyo eje es una melancólica voz sobre un piano que reverbera hacia el infinito.
Al escuchar a Grizzly Bear se puede intuir como influencia, la voz perdida de Nick Drake, la instrumentación ambiental de Mercury Rev y la psicodelia multicelular de sus contemporáneos Animal Collective. La banda con la que comparten a Daniel Rossen, Department of Eagles lanzó el poderoso In Ear Park el año pasado, su engranaje sonoro está lubricado con el mismo aceite. El primer encuentro con Veckatimest puede ser denso o enjuiciado por su sobreproducción, las canciones pueden parecer intangibles y lejanas. Sólo es cuestión de ensamblarnos a este oso grizzli, que ha remplazado sus órganos por una maquinaria de plata y se ha colocado sobre una carpetita bordada para dejar escapar de sus fauces el esplendor musical digno de su especie.
*Este texto es una reseña para Ibero 90.9, donde Veckatimest es el Extracto de la Semana, el disco que se exhibirá durante los próximos… 5 días. Ahí encontrar la reseña ibero909.fm, depués de haber pasado por la navaja del editor.
En la Caja de Música, Susana es su propia editora. Y pues… es casi lo mismo, pero digamos que esta versión es la primera sangrada. Ahora sí que la que les funcione mejor.
Relleno indie chocolatoso revuelto en beats de cereza, ahora con una cubierta electrónica de oro blanco. Tanto hype se desborda de los altavoces y provoca que los viejos lobos y los nuevos talentos de la pista se acerquen con deseos de bailar bajo la cascada de dulce y oro. Soulwax entrega un remix de “Kids”, segundo sencillo del Oracular Spectacular de MGMT, los niños prodigio del 2008.
Los hermanos Dewaele, a veces 2 Many DJ’s, son los fundadores de Soulwax, banda de Ghent, Bélgica, que asegura que una parte del fin de semana nunca muere. Esta agrupación ha logrado fusionar el rock y la electrónica, para entregar un metal precioso de alta densidad. La remezcla de “Kids” no es la excepción. La versión original sabe al lunch de los chavitos en el recreo, rodeado por una bruma de reverbs. Soulwax tan sólo lo muda a otro escenario, convirtiéndolo en electro comestible.
El remix está conducido por una nota gloriosa y persistente que indica que se ha abierto el cofre de un tesoro musical: “Control yourself, take only what you need from it”. La voz de Andrew Van Wyngaarden de MGMT, nos advierte no perder el control cuando Soulwax disperse la canción por el espacio. De pronto el ritmo nos transporta a un escenario industrial con martillazos en forma de beats. Las vocales reaparecen y la melodía inolvidable del sencillo original, parecen ser un notorio cambio de materiales.
No hay reglas ni procedimientos metalúrgicos para la remezcla. Sin embargo Soulwax usó a MGMT de pretexto, exprimiendo las notas pegosteosas del grupo de moda sobre una consola. Cualquier error de fabricación se redime en la intervención sobre las vocales para cerrar el track con alta manufactura.
A lo largo del 2008, MGMT y su álbum Oracular Spectacular fueron un manifiesto en soporte sonoro que describió la desorientación del joven post-moderno, el cual se va de fiesta mientras transcurre el fin del mundo. Aparte del éxito musical, este duó de Brooklyn es un ejemplo del hipsterdom para los anaqueles históricos. El 2009 pondrá a fundir al fuego su talento para descubrir de qué más están hechos. Es probable que la dosis extraordinaria de ingenio y melancolía en estos chicos guapos, los pueda salvar de ser tan sólo una tendencia.
Una sorpresa que suena al clásico indie neoyorkino. Esto es “Fun That We Have” de Julian Plenti. Estrellita en la frente para aquél que adivine quién se esconde tras este seudónimo.
Julian Plenti
“Fun That We Have” Julian Plenti is… Skyscraper
Matador Records 2009
“Fun That We Have” de Julian Plenti, quien es nada más y nada menos que Paul Paul Interpol, mejor conocido como Paul Banks, vocalista de la ya mencionada banda de Nueva York. Este track pertenece a su proyecto solista titulado Julian Plenti is… Skyscraper, en el cual goza de un poco de individualidad no tan alejada del sonido de siempre.
Como Interpol, Turn On The Bright Lights y Antics fueron editados por el legendario sello discográfico Matador Records, también localizado en la gran manzana. Julian Plenti regresa al hogar que le dio vida a las dos producciones icónicas de Interpol, para hacer de este proyecto un estandarte del I Love New York. El natalicio de este álbum está fechado para el mes de agosto y es posible que se convierta en el soundtrack indispensable del regreso a clases.
Si los noventa han encontrado la manera de regresar mediante bandas como Cut Copy y su replanteamiento del electro baleárico; ahora es Julian Plenti el que retoma algo de aquella década para mezclarla con el post-punk-revival o indie rock de los dosmiles. “Fun That We Have” se caracteriza por un riff que a lo largo de la canción tiene tintes grunge bastante Nirvanescos. A la vez la inconfundible voz de Banks le otorga el toque contemporáneo para no pasar desapercibido.
En estructura la canción parece tomar distintas formas; la batería y la voz de Julian Plenti que parece intercalarse en distintos planos al estilo de Interpol, son los hilos conductores que le dan forma a la producción. Sin embargo, aunque la musicalización tenga una personalidad cambiante las vocales no evocan con fidelidad “the fun that we have”. Será un álbum para los fans de Interpol y como tal, de manera indistinta a su calidad, no promete mucha diversión.
Julian Plenti is… Skyscraper es un álbum que nos lleva en un viaje a Nueva York ya sea por el título referente a los rascacielos, el sello Matador Records, o por las letras existencialistas sumadas a aquel sonido altamente citadino. El arte del disco evoca con melancolía una fiesta de cumpleaños a la que nadie acudió, y al estilo Paul Banks transformado en Julian Plenti, la música transmite la pesadez del mundo postmoderno ahora con un poco de sarcasmo.
La Caja de Música (aunque a nadie le importe y no sea relevante) presenta lo más reciente de Merril Beth Nisker, mejor conocida como Peaches. Su nuevo álbum I Feel Cream, expulsa este fluido amargo titulado “Talk To Me”.
Peaches
“Talk To Me” I Feel Cream
XL Recordings, 2009
Peaches, musa rescatada de los ochenta quien logra que cada beat de su nuevo sencillo “Talk To Me” suene a reclamo. Esta vez, la canadiense residente de Berlin, deja atrás las propuestas explícitas y utiliza toda la intensidad de su peculiar voz, para que su amante recupere la palabra. O mejor dicho, se digne a hablarle.
Este track recién estrenado pertenece a su nueva producción I Feel Cream, la cual fue editada por XL Recordings. En dicho álbum colaboraron y produjeron artistas como Digitalism, Soulwax, Simian Mobile Disco y de manera especial en “Talk To Me”, Gonzales. Sin embargo, la mayor parte de la producción estuvo en las garritas de Peaches.
En la portada del álbum aparece con un leotardo del cual cuelgan flecos de cuero dorado y así evoca el poder femenino de los ochenta. A casi treinta años de distancia Merril Beth Niseker logra volverse estandarte de la gracia épica de aquella década. Pero a la vez I Feel Cream y cualquiera de sus tracks tienen un lugar en las pistas de baile pop de nuestros tiempos.
En el sencillo “Talk To Me”, Peaches decidió no repetir la fórmula que la hizo famosa, sobre todo en canciones como “Fuck The Pain Away”. Aunque se siga viendo más o menos bien en sus hot pants, el público no debe de estar tan seguro si quiere ver a una señora de cuarenta años describiendo sin vergüenza sus andanzas sexuales.
Sin embargo, Peaches no abandona aquellos temas por los que se volvió la Bettie Page del electropop. Sólo que en I Feel Cream, los aborda con un lenguaje musical renovado y algo parecido a la madurez y elegancia. Se ha convertido es una fiera que no perderá el apetito, pero que retrasa el placer tocando otros puntos, que también son importantes.
Una dulce declaración de amor adolescente rasguñado por guitarras reverberantes. The Pains Of Being Pure At Heart, la canción es “Everything With You”.
The Pains Of Being Pure At Heart
“Everything With You” The Pains Of Being Pure At Heart
Slumberland
Dulce y estático dream pop directo de Nueva York, un cuarteto que firma sus cartas musicales de amor con el nombre The Pains Of Being Pure At Heart. Una propuesta rayada con los garabatos de una guitarra, una azucarada batería y vocales que atraviesan ligeras el resto de la composición.
“Everything With You” es el sencillo del álbum homónimo de The Pains Of Being Pure At Heart, y tan sólo una probadita de una producción que desborda amor adolescente. Cada track tiene ese sabor agridulce que puede hacernos recordar los primeros retozos, así como musicalizar el noviazgo de aquellos que palpitan con la pureza de la juventud.
El nombre The Pains Of Being Pure At Heart es el título de una libro para niños que nunca se publicó, el cual fue escrito por un amigo de la banda. Un corazón puro para ellos, no es un corazón ingenuo, sino uno que prefiere no llenarse de maldad: esto siempre resultará difícil y doloroso. Su música parece estar escrita por un corazón entumecido que aunque corra peligro, experimenta sus sentimientos con la magnitud de los dieciséis años.
Son cuatro chicos pálidos en la banda: Peggy en los teclados, voz y glamour femenino, Kip como líder, guitarra y voz, Kurt en la batería y el sex appeal y Alex en el bajo carismático. Aunque hay una sola chica rodeada de tres pelados, ella parece tener las riendas del asunto. Da entender que las chicas siempre tienen la razón. A la vez es una banda con mucha química; hasta parecen hermanos.
The Pains of Being Pure At Heart es un álbum sin pretensiones, estos neoyorquinos no planean inaugurar una nueva rama del rock, simplemente escriben canciones en base a lo que sienten y han vivido. De alguna forma son una balde de agua fresca, de frases que hemos escuchado antes pero que suenan lindas porque el sentimiento es auténtico. Corazones en blanco y negro, este es el álbum más sincero del año y “quiere todo contigo”.