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Bienvenido al reino animal

En los albores del Rock ‘N’ Roll brotaron de entre la maleza bandas como The Monkees, The Byrds, The Animals y por supuesto The Beatles respondiendo al llamado del reino animal con sus composiciones. Varias décadas después, la fauna sigue siendo una fuente de inspiración para nombrar proyectos musicales, los carteles de los festivales ahora leen agrupaciones como Grizzly Bear, Deerhunter, Gorillaz y Animal Collective. La tendencia es eliminar el artículo the antes del nombre desechando la posibilidad de pensar en ellos como un equipo de boy scouts en campamento.

Se puede llamar paranoia o teoría de la conspiración pero este fenómeno de biodiversidad en la escena musical tiene una especie de resonancia medio-ambientalista. Hace cincuenta años no hubiésemos reparado en ello: el derretimiento no estaba dejando varados a los osos polares y contrario a “Robots” la canción de Flight Of The Conchords que ofrece una mirada al futuro, todavía quedaban muchos elefantes. Es inconciente, o por lo menos artistas como Arctic Monkeys o Cat Power no han declarado que se llaman así a modo de protesta ecológica.

A lo largo de la historia, hemos optado por representar con imágenes de animales poderes que no poseemos. Un chango o un cocodrilo resultan poderosos tótems para una banda de rock, lo interesante es lo familiarizados que los músicos y la audiencia estamos con los animales… o por lo menos la frecuencia con la que recurrimos a sus nombres en las bibliotecas musicales, listas de fin de año y frecuencias radiofónicas.

En la familia de roedores tenemos a Frightened Rabbit, al productor Danger Mouse y por supuesto Modest Mouse. Los insectos vuelan a la par de las aves con The Bird And The Bee, Andrew Bird y los Doves. La escena se empantana con bandas como Cocodriles e Eels. En el rango de los animales con pezuñas se encuentra Deerhunter, Caribou y Band Of Horses; en el rango de los grandes mamíferos Grizzly y Panda Bear, en el de los colmillos Patrick Wolf, Wolf Eyes y Wolf Parade. En el mar navegan Noah And The Whale y Hootie And The Blowfish… Parece que Greenpeace tendrá que cambiar de giro y desplazar a Pitchfork.

La Caja de Música no planea asaltar botes balleneros, pero quisiera compartir su población animal con el resto de los ecosistemas.

The Antlers – Bear

The Antlers

“Bear”

Hospice

French Kiss Records, 2009

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Es tarde y todos en La Caja de Música deberíamos de estar acostados en nuestras literas como dicta nuestro toque de queda… ¡qué bien por las MacBook y el Wi-fi! ¡Podemos seguir trabajando!

Nos acabamos de topar con este video de The Antlers, banda de Brooklyn que compone melodías para el bosque con elementos tradicionales así como con bizarreces sonoras logrando conjuntar lo experimental con lo cotidiano para que también tenga sentido. La canción es “Bear”, de su tercer y más reciente álbum de estudio Hospice. El video proyecta escenas de ramas secas contra el cielo gris, imágenes tan frágiles como las delicadas resonancias que instrumentan la pieza.

Hospice fue escrito por el vocalista Peter Silberman durante un periodo de 2 años de aislamiento. Los 10 tracks de la producción narran la historia desde un prologo hasta el epílogo, de un hombre que trabaja en Sloan Kettering Cancer Ward y que conoce a una paciente con cáncer de hueso quien se encuentra totalmente deprimida hasta el punto de ser agresiva. Se enamoran y él la acompaña hasta su muerte.

Tracklist:

1. “Prologue” – 2:35
2. “Kettering” – 5:10
3. “Sylvia” – 5:27
4. “Atrophy” – 7:40
5. “Bear” – 3:54
6. “Thirteen” (vocals by Sharon Van Etten) – 3:11
7. “Two” – 5:56
8. “Shiva” – 3:45
9. “Wake” – 8:44
10. “Epilogue” – 5:25

¿Quién se cree Pitchfork?

pitchfork

Apareció en 1996 como Pitchfork Media, ahora lo conocemos como Pitchfork a secas. Pitchfork.com, es el sitio obligado para enterarse de todo lo que sucede en la escena independiente, sino es que ya es, su enciclopedia oficial. Su especialidad son las novedades: álbumes, bandas y sencillos, así como las esquizofrénicas actualizaciones del quéhacer underground. Por su rigurosidad analítica y perseverancia, -que se podrían resumir en que son unos geeks-, este portal se ha convertido en el poderoso selector y lupa, bajo la cual tienen que pasar los desembarques de música nueva. Con tanta mercancía algunas cosas se les tienen que escapar o a lo mejor se hacen los de la vista gorda.

 

Para una banda indie es crucial ser reseñado en Pitchfork, cuales estudiantes de primaria lo más importante es obtener lo más cercano a un 10, pues este consejo de críticos utilizan la misma escala de calificaciones por la cual en nuestra infancia, varios nos quedamos sin jugar Nintendo o salir a fiestas un mes. En la industria musical un 9 llenaría los foros donde se presente tan aplicado artista, un 5 reduciría las ventas y un 0.0 volcaría a la producción al cesto de basura sin que nadie se toque el corazón, como fue el caso del álbum Travistan de Travis Morrison miembro de Dismemberment Plan.

 

¿Quién se cree Pitchfork? Con su característico estilo de redacción siempre discursivo pero anal y diseccionador; con sus conteos de los mejores álbumes y tracks de cada década, con sus listas de favoritos para fin de año, su canal de televisión y su Pitchfork Music Festival. Parece que se ha convertido en el Jabba The Hutt del contrabando musical. Exhibir de manera privilegiada cuatro discos diarios, 1460 al año, es galácticamente monstruoso.

 

Sin embargo, esa es la humilde labor del periodismo musical. Como civiles no podemos con tanta música nueva, es normal sentirse como cuando fuimos al supermercado por primera vez. Pitchfork y los cientos de devotos a la crítica musical: nos lo dan todo, picadito y en la boca, -aunque mayuguen algunas verduras en el intento. Lo que es importante es consentir a nuestro paladar sonoro y confiar en nuestras curiosas papilas: hay pan y Aladino si se quiere un sándwich de mantequilla de cacahuate, le podemos echar catsup al arroz, cajeta a las quesadillas. ¿Qué se creen los gourmets? Ellos no saben del corazón. Escuche y coma usted lo que le apetezca.