¿Crossover o saqueo del indie?

Nadie hizo tanto alboroto cuando Feist presentó una versión de “1, 2, 3, 4” en Plaza Sésamo con la noble intención de enseñar a los niños a contar. A lo mejor este evento pasó desapercibido para los recelosos guardianes de lo independiente sólo porque la escena es abrumadoramente tierna. La verdad, aprender a contar hasta cuatro está muy bien, parece ser un número importante: el cuarteto de Liverpool, Los 4 Fantásticos, los cuatro jinetes del Apocalipsis, los cuatro dedos de los Simpson…

El develamiento del soundtrack de New Moon, nuevo filme de la saga de vampiros de Stephanie Meyer, dio rienda suelta a una innecesaria polémica: las pubertas que colocan sus pulsiones libidinosas en Edward Cullen no hacen lo mismo con Thom Yorke, tampoco lloran sus desencantos al ritmo de Grizzly Bear, Bon Iver, Death Cab For Cutie y mucho menos del grasoso Black Rebel Motorcycle Club. Es cierto que Twilight, contó con “Supermassive Black Hole” de Muse o “15 Steps” de Radiohead, -a Thom Yorke le están saliendo colmillos. A diferencia de New Moon, aquella selección fue más complaciente en términos comerciales. ¿Qué es lo que pretenden con mezclar hordas de adolescentes poperos con las órdenes del sagrado underground?

La primera teoría es paranoia casi injustificada, la franquicia de chupasangres preparatorianos quiere expandir su mercado, incursionar en nuevos nichos: “Acérquense chavitos alternativos… no mordemos”. Un soundtrack como el elegido para New Moon, puede validar de cierto modo la película, sofisticarla; de ser un contenido equiparable a Highschool Musical, puede legitimizarse con un poco de buena música. Es lo justo después de haber hecho de los vampiros un sarta de veganos de suburbio. La segunda teoría es más honesta: lo independiente está de moda. La pregunta es si los indie lovers se sienten halagados de ver a sus bandas trascender la secrecía de los subterráneo o si se sienten como si sus pulcras bibliotecas musicales hubieran sido saqueadas por la mugrosas manotas del mainstream.

En plena crisis discográfica, el acaparamiento no tiene lugar. La industria independiente y el legendario Do It Yourself desde un principio anhelan la exposición, siempre bajo sus propios valores y condiciones, pero la finalidad también es vender. A lo mejor lo más recomendable es ir reclutando devotos desde chiquitos, como Lesley “Duquesa del indie” Feist, lo haría.

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