Corona Capital 2011 [Crónica para Ibero 90.9]

Así se veía el cielo mientras tocaban los Editors en Corona Capital

Los festivales pueden resultar en eventos engañosos. La mayoría de los internacionales (Coachella, Lollapalooza, Austin City Limits), despliegan carteles de ensueño que ponen a los aficionados a comprar boletos, armar horarios, y anticiparse con la misma emoción de una maldita quinceañera. La edad de la punzada, en esta última década, comenzó en México con festivales más pequeños como el Manifest y ha culminado con un evento colosal llamado Festival Corona Capital, el cual se llevó a cabo este fin de semana en el Autodrómo Hermanos Rodríguez.

El #CC11, como cariñosamente le llamamos en Twitter todo el fin de semana, tenía lo mejor que ofrecer de la escena independiente. Dejemos de lado los éxitos del 2008, Santigold y The Rapture, o a los headliners que acarrean con mayor éxito que cualquier político en campaña: Portishead y The Strokes. Este cartel estaba repleto de gemas discretas que probablemente tendrían dificultades para llenar un foro pequeño en la Capital: Wild Beasts, The Antlers, No Age, Mogwai, M83.

Lo engañoso de los festivales está en su gigantesca promesa y la limitada capacidad de los asistentes de estar en dos lugares al mismo tiempo. Al menos yo, que preparé mi horario con la minuciosidad que enviarían mis clases universitarias, descubrí que en efecto, me es imposible estar en dos lugares al mismo tiempo o trasladarme de uno a otro con rapidez. Mientras que tenía planeado ver un rato de Wild Beasts, otro de The Antlers y otro de No Age, tengo que admitir que sólo logré ver a los segundos, pues una chica como yo tiene que comer, beber una cerveza y cumplir con sus responsabilidades en Ibero 90.9.

Esto no significa que sea culpa del Festival o incluso culpa mía. Después de unos cuantos momentos de frustración al darme cuenta de todo lo que me había perdido, asumí lo que es inevitable: en un festival de esas proporciones hay que ver lo que se puede ver y disfrutar también de lo que ocurre fuera del escenario, conocer otras personas y convivir en un espacio amigable que surge dentro de una ciudad a la que le cuesta trabajo serlo.

Bajo esta actitud presencié actos que no estaban en mi agenda, el primero de ellos fue Disco Ruido, a quienes no tenía contemplados porque después de todo son locales y tocan a menudo. Me dio gusto ver que uno de mis proyectos favoritos nacionales tuvieran un público desmedido. Uno de los mejores momentos fue ver a miles de personas agitando sus manos al ritmo de “Go Twisters”, sencillo de su álbum Sistema Solar. De ahí me tocó ver sólo unos momentos a Austin TV, a quienes por alguna razón cósmica jamás había visto en vivo. Fuera del discurso inconsistente de “sigan su corazón”, “hagamos que se escuche nuestra voz”, que me hizo pensar más en el Teletón que en un banda de rock de su estatura, disfruté haberlos conocido en el escenario.

Mi momento favorito fue el atardecer a lado de los Editors. Al verlos en vivo sólo pude pensar en todas las reseñas incompletas que los comparan con Interpol. Editors es una banda desarmada, que sí, tiene un frontman cuya vocalización se asemeja a la de Paul Banks, pero sus canciones aunque igual de melancólicas tienen una aire más informal. Banks y su banda aparecen en escenario con pulcros trajes y corbatas, alineados como si fueran una formación de jets. Tom Smith de los Editors traía una gorra de trailero y la música de la banda en vivo tiene un aire de fragilidad.

El gusto de haberlos visto tocar fue más grande cuando en el show de Portishead, miré hacia atrás y la alineación completa de los Editors estaba ahí. De Portishead no quisiera decir más, la mayoría de las reseñas hablarán de ellos y sí, fue mágico, fue un trance, que nos restauró a todos para ver la última presentación de la noche… pero también para sentir que todo el calor, toda la espera y las caminatas valieron la pena. En el backstage vi a Beth Gibbons a unos pasos de mí, ¿qué más puedo decir? Sólo la vi pasar y ya.

The Strokes cerraron el Corona Capital. Siento un poco de pena por las reseñas apasionadas que hice sobre su presentación en Lollapalooza 2011. Estaba convencida de que tienen el peso para cerrar un festival, pues los había visto tocar más sólido que nunca cerrando el festival de Chicago. En esta ocasión nos tocaron unos Strokes disminuidos, un Nick Valensi que de rola a rola se le veía cambiar de posición la guitarra incómodamente sobre sus rodillas, debido al accidente que tuvo con su pierna. Esto pareció afectar la stamina de la banda. Sin embargo, cualquier presentación de los neoyorkinos es disfrutable pues se trata de canciones que todos nos sabemos y que por habernos acompañado durante 10 años cantamos y gritamos. No importa que Julian Casablancas, en su dudable sobriedad, tire el micrófono u olvide la letras de las canciones, es parte de su encanto y estábamos miles de nosotros para respaldarlo.

¡Por supuesto tras un día así de festival, se necesita un día de descanso! De quinceañera eufórica, me convertí en una piltrafa insolada que no hizo nada más que reposar el domingo. Hasta para el rock se necesita condición.

Esta reseña se publicó originalmente en Ibero 90.9, donde podrás encontrar toda la cobertura que le hicimos al festival.

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