Adiós al pan

En una época donde parece que muchas bandas piensan que entre más cosas haya en un estudio más tienen que usarlas todas, Ty Segall emerge como un necio creyente del menos es más. En 2011 lanzó a través del sello Drag City otro de sus álbumes como solista. La producción se llama Goodbye Bread y se trata de 10 tracks tejidos con el más burdo estambre de rock and roll, ilustrados con la cara corrugada de un sabueso marrón. Grunge, garage, algo de folk, marcado por una batería casi desordenada y procesado por quién sabe cuántos pedales que no le quitan la crudeza: Goodbye Bread es de los mejores discos del año.

En Goodbye Bread, podrán encontrar un hogar aquellos que extrañen a Nirvana o estén hartos de The Black Lips. Ty Segall emite una especie de nostalgia por los good old days del rock –probablemente por eso saca tantos viniles de 7”. Me recuerda a The Stooges, pero al mismo tiempo también a personajes menos conocidos (y muertos) como Jay Reatard. Puedo imaginarme este disco en los estantes de High Fidelity, y a cualquiera de sus personajes recomendándolo a un nerd que por nerd tiende a encontrar música mejor, pero peor grabada.

*En La Caja de Música estamos preparando (yo y todos los oompa-loompas) nuestra NO-lista de los mejores discos del año, pero antes de eso hay algunas reseñas que hice para otros medios que deberían tener un pequeño lugar. Puedes leer la reseña completa en Burn.

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