Enamorada de mi Golden Retriever

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Publicada en Ibero 90.9 y Publimetro

Hace 12 años mi papá llegó a mi casa fingiendo estar enojado. “Siéntate ahí. Cállate.” Siempre finge cuando te va a dar una sorpresa. “¡Ay no! Seguro es un perro.” Fue al coche y regresó con ojitos enternecidos y un cachorrito que cabía en la palma de su manota. “Puta madre,” pensé, pero sonreí cuando recibí a Lara y cuando nos tomaron nuestra primera foto.

“Luis, estas cosas las tienes que consultar conmigo primero,” le dijo mi mamá. Tres días después ya estaba siendo su abogada ante mi madre, compartiendo mi comida, mi dinero, y mis novios, sacrificando calcetines y animalitos de peluche. Nos hemos acostumbrado a vivir entre pelos y olor a perro. A mí me parece que Lara tiene el mejor olor del mundo, (no es cierto).

He pasado 12 años fascinada por sus patitas, sus orejas, sus dientes. Tocando su paladar, rascando su pechito, besando su hocico, y documentando en Instagram su perra vida. ¿Soy ridícula? “No”, me contestó un amigo. “Sólo significa que aprecias las pequeñas cosas.” Y no, no soy ridícula, ni le pongo ropita, ni la metí en mi bolsa cuando todavía cabía, ni la trato como bebé, y no soy su mamá. Soy su roomie. Lara es un perro.

Una cosa, es apreciar las pequeñas cosas en un animal, un cuadro, una chela, o hasta un coche. Whatever works, man! El asombro está vinculado con la alegría de vivir. Otra cosa, es la empatía. No todos deben tener un perro para desarrollarla, pero algunos lo hemos hecho gracias a una o muchas mascotas. Si asumes con angustia o amor su cuidado, definitivamente te conviertes en mejor terrícola.

¡Qué cosmopolita se ha vuelto defender los derechos de los animales! Los restaurantes en Polanquito son “pet-friendly, güeee…”, “adopta, no compres”, “si tu primera foto en Tinder es con tu perro se ve que eres buena onda.” Qué bueno que ahora ser dueño responsable es parte de guardar las apariencias. Y felicidades a los genuinos. Pero una cosa es abandonar a tu perro en la azotea, y otra es la pulsión por torturar hámsteres, chihuahuas, o quemar “gatitos bebés”.

No he visto los videos de los empleados de Mascota, no quiero ser partícipe de su placer. Me cuesta, pero tampoco quiero condenarlos. Extrañamente siento compasión. Debemos exigir a las autoridades, a los comerciantes, y a sus papás; pero también desearles que encuentren la alegría de vivir, y que experimenten empatía no sólo por los animales, sino por todos los que los rodeamos. Pobrecitos. La neta. Ojalá encuentra la manera de satisfacer sus necesidades o su frustración, sin herir.

Estas son las canciones favoritas de #LaraPerro.

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